Gen-BA

Arte, Ciencia y Tecnología

En el mundo actual, las fronteras entre el arte, la ciencia y la tecnología están desapareciendo y la creatividad se convierte en un factor crucial para usos tecnológicos más unidos al ser humano.

En ese contexto, GEN se constituye como un colectivo de instituciones, artistas, gestores culturales y empresas dedicados al campo del arte, la ciencia y la tecnología. Un campo joven dentro de lo que es la historia del arte, pero que está cercano ya a cumplir el centenio desde sus primeras experiencias en la década del cuarenta. A lo largo de este tiempo la producción artística ha mantenido una constante oscilación entre el culto a la novedad, la exploración de nuevas sensorialidades y una práctica artística de corte crítico, reflexivo y político. Durante estas décadas se han ensayado diversos nombres y clasificaciones, se ha discutido sobre su pertinencia dentro del campo artístico y su lugar en los espacios de circulación. Se lo ha criticado de banal y de privilegiar la exaltación del medio por sobre la obra, se lo ha denostado por críptico o poco comprometido. En tensión constante con la clasificación de arte contemporáneo y sus modos y convenciones, ha terminado por establecer un universo propio, con sus reglas y códigos. Hoy cuesta mantener esa división, casi necesariamente toda producción artística se encuentra atravesada por lo tecnológico, al mismo tiempo que las instituciones artísticas se ven obligadas a actualizarse en materia de tecnología. Las relaciones de arte y tecnología encuentran hoy un nuevo giro donde la tecnología es un medio clave que debe ser integrado en la experiencia artística.                     

La relación entre arte y tecnología encuentra sus raíces en simultáneo y en distintos puntos geográficos en las primeras vanguardias: en las experimentaciones audiovisuales del neo-dadaísmo, las acciones-espectáculo del nuevo realismo, la estética futurista y acercamiento a la tecnología del grupo Gutai, también en las provocaciones de los Happening, en la ludicidad de Fluxus y el protagonismo del movimiento, en el arte cinético y en la mecánica del arte Programmata, en los experimentos del arte óptico, en la irreverencia del pop art y en las primeras experiencias del video arte. 

En Argentina los primeros en experimentar con la luz y el movimiento fueron los artistas concretos, quienes integraron las filas del perceptismo y aquellos que conformaron el movimiento MADI. La tecnología fue a partir de ellos poco a poco incorporada dentro del proceso creativo como hecho concreto: utilizada como herramienta y medio, pero también desde un lugar conceptual, en escritos y reflexiones teóricas que buscaron analizar el impacto que los desarrollos industriales y tecnológicos tenían en la sociedad, al tiempo que pretendían brindar propuestas para el nuevo rol que el arte debería adoptar: el Manifiesto Invencionista (1946) el Manifiesto del Movimiento Espacial para la Televisión, La Arquitectura del Agua en la Escultura (1959), el Manifiesto del Arte Generativo (1960), El Arte entre la Tecnología y la Rebelión (1968)

Las década del 50 y 60 fueron testigo de una creciente retroalimentación entre la producción local y el campo internacional consecuencia de intercambios artísticos, de participación en Bienales extranjeras y de la expansión de los medios de producción artística. En los 60 se puede ya finalmente hablar de una producción local de arte electrónico analógico y digital. Es también el momento en que los museos y galerías de arte comenzaron a presentar exhibiciones donde la tecnología y los nuevos medios cobraban protagonismo. A inicios de los 60 abrió sus puertas en la calle Florida una nueva sede del Instituto Di Tella que albergó tres centros clave para la experimentación de esta rama: el Centro de Experimentación Audiovisual (CEA); el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales (CLAEM), y el Centro de Artes Visuales (CAV). Por su parte el CAyC (Centro de Arte y Comunicación) fue el encargado de inaugurar dos exhibiciones donde la computadora y los nuevos medios tuvieron rol central: Arte y Cibernética en 1969 que buscó apoyar y desarrollar la experimentación y la investigación en las áreas de arte y comunicación y Argentina Inter-medios en 1970 que tuvo el objetivo de promover el arte de acción. 

Los setenta estuvieron signados por el conceptualismo. Se identifica a esta década como el inicio de la Revolución de la Tecnología de la Información y como tal los artistas adoptaron una metodología de análisis y estudio que redundó en obras donde la tecnología era abordada en tanto paradigma de producción de información y conocimiento. El CAyC mantuvo su lugar de referencia por su constante labor de reflexión sobre las relaciones entre arte, ciencia, tecnología y vida, sin embargo fue también aquí cuando el Instituto Di Tella cerró sus puertas.

Las décadas del ochenta y noventa vieron la progresiva confluencia de los medios de comunicación, la llegada y expansión de nuevos medios audiovisuales. Los ochenta fueron la época dorada de los videojuegos que abrieron a artistas y programadores un nuevo campo de exploración. Fue también la década de despegue para el videoarte local que alcanzó su auge en los noventa, momento en que la producción nacional tuvo un renovado impulso como consecuencia de un despertar en el desarrollo tecnológico en la vida diaria.Estas décadas fueron también testigo del surgimiento de clínicas, becas y residencias internacionales. 

Con el cambio de siglo aparecieron nuevos referentes : el Premio MAMBA – Fundación Telefónica y su Taller Interactivos, el nacimiento del MediaLab en el Centro Cultural de España en Buenos Aires, el Centro de Experimentación CEIArtE de la UNTREF, el CheLA (Centro Hipermediatico de Experimentación de Latinoamérica), el festival One Dot Zero, la serie Cultura y Media en el Cultural San Martín que dio más tarde paso a Noviembre Electrónico. Nacieron también aquí iniciativas independientes que supieron consolidarse e instaurar diversas ediciones como FASE Encuentro, plus CODE, Objeto a con la Bienal Kosice y Game on! El arte en juego, la UTN BA con ArCiTec, La Paternal Espacio Proyecto con Sirveverse, Espacio Plá, Arte x Arte. Con la llegada del 2000 diversas instituciones y organizaciones se embarcaron en el campo del arte y la tecnología como el Instituto de Cooperación Iberoamericana, la Fundación Antorchas, la Fundación TYPA y el Fondo Nacional de las Artes. Se sumaron al impulso local centros culturales y museos como el Museo de Arte Moderno, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires y el Centro Cultural Ricardo Rojas. Por su parte fue clave (y sigue siéndolo) el accionar de las áreas de cultura de embajadas extranjeras como el Instituto Goethe, el British Council, la Embajada de Francia y la Alianza Francesa, entre otras.

Mientras que su visibilidad aumentaba en el circuito artístico se produjo un cambio de paradigma que marcó un nuevo rumbo para el trinomio arte-ciencia-tecnología. El nuevo milenio trajo consigo la posibilidad de un nuevo hombre donde la tecnología podía ser más que la extensión de sus sentidos. Hombre, ciencia y tecnología se integraron bajo nociones como las de transhumanismo, post-orgánico y cuerpos obsoletos que ya venían resonando en el exterior hace dos décadas. Llegó finalmente la era del bioarte local que tuvo gran impulso con el biolab de la Universidad Maimónides. Se sumaron otras instituciones con investigaciones en otros medios como la robótica en el arte con la UMSA y la Maestría en Tecnología y Estéticas de las Artes Electrónicas de la Untref, el proyecto IDIS de la FADU.


La producción actual, en sintonía con lo que sucede en el resto del mundo, ha trascendido los confines de movimiento artístico para convertirse en género en sí mismo. Si bien las denominaciones siguen variando la balanza pareciera inclinarse hacia una denominación integral como la de arte de nuevos medios que pueden englobar la multiplicidad de experiencias, objetos y propuestas actuales. La incorporación de la tecnología excedió ampliamente los postulados de McLuhan, la aldea global expandió sus fronteras. En la era del antropoceno, ciencia, cultural, naturaleza y tecnología confluyen bajo el paraguas del arte con una nueva consciencia. Las producciones hoy continúan oscilando entre aquellas que indagan, juegan y exploran con la técnica y materialidad de las herramientas tecnológicas y aquellas otras que adoptan una postura de tono conceptual y reflexivo buscando entender los nuevos modos en que ciencia y naturaleza pueden convivir y complementarse.    

Otras Redes

Europa:

La Red Europea de Arte Digital y Ciencia es un proyecto cofinanciado por el programa Europa Creativa de la Unión Europea y tiene como objetivo promover un trabajo en común de artistas y científicos.

Es una de las apuestas más importantes en el continente para buscar la interdisciplinariedad entre la ciencia más avanzada y la vanguardia creativa del arte digital, crear un circuito europeo capaz de promover y exhibir obras y proyectos en este campo, y llegar a nuevas audiencias para estas prácticas creativas.

En esta iniciativa participan el ESO (Observatorio Europeo Austral) como institución científica, y ocho instituciones culturales europeas, entre los que además de LABora, Centro de Arte y Creación Industrial de España y Ars Electronica Linz, se encuentran el Center for the Promotion of Science, Serbia; DIG Gallery, Eslovaquia; Science Gallery, Irlanda; Fundación Zaragoza Ciudad del Conocimiento, España; Zavod k6&4, Eslovenia; y GV Art, Reino Unido.

Creada en el año 2015 ha lanzado convocatorias internacionales a artistas que trabajen en el ámbito de ciencia y tecnología a desarrollar un proyecto durante residencias artísticas.

La primer convocatoria fue realizada en febrero del 2015  teniendo como sede de la residencia el Observatorio Europeo Austral (ESO por sus siglas en inglés – European Southern Observatory-), ubicado en Chile; y una estancia posterior en el Futurelab de Ars Electronica, en Linz (Austria).

Arte, Ciencia y Tecnología

Colombia:

Suratómica es una red de organizaciones, grupos e individuos a nivel internacional que, bajo las ideas de colaboración y apertura del conocimiento, propaga el pensamiento científico y artístico. Con un enfoque en Latinoamérica y el Sur Global, la red Suratómica promueve nuevas formas de diálogo entre diversas áreas del conocimiento, abriendo espacios de creación y experimentación para fortalecer la reflexión sobre la ciencia, la sociedad y las formas alternativas de organización.

Queremos contribuir a la creación de nuevas y mejores estructuras sociales a través de la propagación del pensamiento científico y artístico en el Sur Global. 

La Red tiene actualmente dos programas: Residencia y Festival Suratómica.

En diciembre de 2018 se creó un puente entre dos contextos que se estaban desarrollando al mismo tiempo, uno en Bogotá y otro en Ginebra, Suiza. En Colombia, el crecimiento de la comunidad de Creación – Arte & Ciencia partir de los Encuentros, que fueron creados por MutanteLab, dirigido por Natalia Rivera, en 2016. En Austria y Suiza, la colaboración de Daniela Brill de Cuántico con el programa art@CMS del Experimento CMS del CERN creado por Michel Hoch.  

En enero de 2019 con el apoyo de diversos artistas, investigadores y organizaciones, iniciamos la creación del que sería el primer programa: la residencia Suratómica. La comunidad científica en Colombia, vinculada a los diversos experimentos del CERN, nos apoyó desde el principio a través de la Red CONHEP (red colombiana de física de altas energías y astrofísica).

Presentamos nuestro programa a la comunidad en Maloka, en abril de 2019 y llevamos a cabo nuestra primera residencia de creación en los laboratorios del CERN con 8 artistas colombianos, en septiembre del mismo año. 

A partir de octubre del 2019, Surátomica deja de ser un programa y se convierte en la red Internacional de Creación – Arte & Ciencia, conectada a la red mundial de experimentos de física de altas energías y astrofísica ORIGIN (que incluye además de los experimentos del CERN, experimentos como LIGO, VIRGO, IceCube y Muographix), a la red CONHEP y a diversos proyectos y redes locales como el proyecto Tecnopoéticas de la UNAL, el proyecto nanoDiseño de la Universidad Javeriana y la red Crátila de experimentación sonora, entre otros. 

Actualmente Suratómica lleva adelante residencias de artistas, festivales que integran científicos y artistas y Espacios de Conocimiento Abiertos

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Arte, ciencia y tecnología: ¿la nueva política económica?

08.12.2015 –  Esther Moñivas – Artículo publicado en los Estudios Transversales en Creación Contemporánea de la Universidad Nebrija

Durante un coloquio entre destacados especialistas europeos sobre arte, ciencia y tecnología organizado recientemente en LABoral (Gijón) con motivo de la inauguración de la exposición “Materia prima” comisariada por él mismo, Gerfried Stocker -director de Ars Electronica– comentó que los artistas new media podían convertirse de alguna manera en los nuevos “McKinsey boys” del siglo XXI para las grandes empresas. 

Con tan sorprendente idea -al menos para un debate sobre creación artística- Stocker intentaba simplemente reflejar la realidad que en su organización -una de las instituciones de más prestigio en el mundo en el campo del arte y la tecnologia- está viviendo en los últimos años: la constatación de que en el ámbito de las grandes corporaciones existe una demanda creciente de nuevas formas creativas de pensar, abordar proyectos y solucionar problemas para adaptarse al exigente escenario de la economía y la sociedad de la era digital.

Gerfried Stocker intervencion en LABoral

Una demanda que puede ser satisfecha mucho mejor por los artistas familiarizados con los nuevos medios digitales que por los tradicionales consultores de estrategia empresarial con sus hojas de cálculo y sus matrices. No era, por lo demás, un brindis al sol al calor del debate, sino una realidad confirmada: Ars Electronica, a través de su centro de experimentación Futurelab, trabaja en estos momentos para algunas de las más importantes firmas de la poderosa industria alemana.

Es un terreno ciertamente resbaladizo. Si hablamos de arte, su misión esencial no puede ser otra que la de crear nuevo conocimiento y experiencias sobre el mundo que nos rodea desde una sensibilidad que no es evidente para el conjunto de la sociedad. El artista se hace preguntas distintas a las de los técnicos; y da respuestas radicalmente diferentes. Siempre desde la independencia de su inspiración creativa y su capacidad para detectar anticipadamente las vibraciones ocultas que inquietan al ser humano y anuncian el cambio social.

Esa capacidad exploratoria del arte se ha demostrado de una utilidad especial a partir de la revolución tecnológica iniciada en el siglo anterior. Ya hace varias décadas desde que lo señalara Marshall McLuhan: “El artista capta el mensaje del desafío cultural y tecnológico varias décadas antes de que llegue su impacto transformador”. En un mundo abrumado por el poder omnímodo de la ciencia y la tecnología, el arte se reivindica como un mecanismo de autodefensa social para entender, discutir y contraprogramar (hackear) ese poder. Al menos para ayudarnos a que nos hagamos a tiempo como sociedad las preguntas oportunas.

En principio, eso no debería ser obstáculo -como de hecho no lo ha sido- para que numerosos artistas hayan demostrado un inspirador interés por el conocimiento y la apropiación de las nuevas tecnologías. Esa atención se ha convertido en muchos casos en una fructífera labor de investigación y desarrollo sobre las tecnologías empleadas para sus creaciones. Hace pocos días, durante la presentación en el Centro de Arte y Tecnología Etopia de su obra “Pop Connection” -desarrollada durante una residencia conjunta con la coreógrafa francesa Sylvie Balestra-, el artista e ingeniero donostiarra Jaime de los Ríos afirmaba con rotundidad que la tecnología empleada por los artistas del new media -del que él es un referente en España- es, gracias al trabajo de I+D de los creadores, mucho más avanzada que la que posteriormente se comercializa por las empresas.

En el caso de la ciencia, se produce igualmente una enorme atracción de los artistas hacia las nuevas fronteras de la investigación científica, desde la astrofísica hasta la biología. Y en un momento en que la ciencia avanza de forma imparable a través de la genética, la neurociencia y otras disciplinas hacia una capacidad nunca antes obtenida para cambiar las características del ser humano como lo hemos conocido hasta ahora, parecería especialmente adecuado apoyar que los artistas estén al tanto de lo que ocurre en esos laboratorios antes de que sea tarde.

Por otro lado, la separación entre ciencia y arte como formas distintas de obtención de conocimiento no dejar de ser históricamente reciente. Quizás sea el momento de pensar en una nueva convergencia, llamémosla tercera cultura o de cualquier otra forma. Porque está claro que los desafíos que afronta hoy el mundo respecto a los cambios que la ciencia y la tecnología están produciendo en nuestras vidas (naturaleza, economía, vida social, identidad personal) no parece que puedan ser abordados debidamente por un único grupo de expertos.

Arte como nueva forma de conocimiento; arte como un nuevo stakeholder ciudadano del I+D; arte como fuente inagotable de inspiración para formas diferentes de pensar. Y arte también como un sustrato imprescindible para crear ecosistemas culturales de innovación que pudieran ayudar a desarrollar economías capaces de generar riqueza y oportunidades para el conjunto de la sociedad.

Incluso se podría hablar de un verdadero nuevo sector productivo en la confluencia de la tecnología, la innovación, la creatividad y el diseño, tal como lo describió ya hace más de una década William J. Mitchell en el informe que realizó para la Academia de Ciencias de Estados Unidos y cuyo título hablaba por sí solo: Beyond productivity (Más allá de la productividad)

En todo caso, no son pocos los ejemplos en la historia donde la expansión cultural y artística precede a la potencia económica. El comisario y periodista cultural José Luis de Vicente lo explica de forma documentada y convincente a propósito del hilo conductor entre la revolución contracultural de los cincuenta y sesenta del siglo XX en Estados Unidos y el posterior desarrollo de Silicon Valley como epicentro hegemónico mundial de la nueva industria tecnológica. La creatividad abre el camino a la innovación.

Por tentador que resulte, no hay que hacerse ilusiones: nadie nos hablará en estos tiempos electorales del papel potencial de la cultura y del arte como el catalizador que España lleva buscando tanto tiempo para convertirse en una economía innovadora y poder escapar así a ese destino al parecer inevitable de ser para siempre un país de camareros y de universitarios expatriados.

Entre tanto, quizás sería conveniente continuar la discusión. Porque, como el propio Gerfried Stocker se plantea, si hoy es imprescindible entender de manera diferente el papel del artista y las instituciones culturales, así como su relación con el público, en este tiempo de convergencia de arte, ciencia y tecnología, “¿cómo se puede cambiar esto sin poner en riesgo la independencia y la integridad del proceso artístico?”.

Para prolongar y extender la conversación, un grupo de instituciones culturales y de promoción de la cultura de la ciencia y la tecnología -entre las que se encuentran la Fundación Zaragoza Ciudad del Conocimiento y el Centro de Arte y Tecnología Etopia- han creado la Red Europea de Arte Digital y Ciencia, con el apoyo del programa Europa Creativa de la UE y la colaboración de instituciones científicas tan relevantes como el CERN y el European Southern Observatory.

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